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Los orígenes de la electricidad en Puerto del Rosario
Artículo de Francisco Javier Cerdeña Armas sobre los inicios de la electricidad y el alumbrado público en Puerto de Cabras, actual Puerto del Rosario, desde los primeros generadores y la fábrica de Ramón Peñate Castañeyra hasta los intentos de municipalización del servicio en la década de 1950.

Información de la publicación
Autor
Francisco Javier Cerdeña Armas
Fuente
Cuaderno de Puerto de Cabras
Fecha
29 de enero de 2025
Tema
Electricidad · Alumbrado público · Puerto de Cabras · Historia urbana
Los primeros recuerdos de la luz eléctrica
Una tradición local relaciona la llegada de la electricidad a Puerto de Cabras con la primera visita del buque de la Armada Juan Sebastián Elcano en 1929.
Según ese recuerdo, los generadores del buque habrían alimentado la iluminación de las celebraciones organizadas en el casino de la Sociedad El Porvenir.
Sin embargo, el artículo señala que la institución probablemente ya disponía de un generador propio, posiblemente prestado por el Sindicato de Irrigación de Canarias.
La municipalidad, además, llevaba varios años estudiando la posibilidad de sustituir las lámparas de carburo y petróleo por alumbrado eléctrico.
Ramón Peñate Castañeyra
El primer industrial vinculado directamente a la producción eléctrica de la ciudad fue Ramón Peñate Castañeyra.
Era hijo de Juan Peñate Quevedo y Josefa Liberia Rosario Castañeyra Carballo, familia vinculada a uno de los primeros ensanches urbanos de Puerto del Rosario hacia la Playa y la Caleta de Los Pozos.
Ramón Peñate construyó, durante los primeros años de la Segunda República, la primera fábrica destinada a producir electricidad para la capital majorera.
La primera fábrica de electricidad
El edificio comenzó a levantarse aproximadamente entre 1930 y 1932.
Desde aquella planta partieron las primeras líneas dedicadas al alumbrado público.
En 1932 el Ayuntamiento aprobó el proyecto, la memoria y el pliego de condiciones para implantar oficialmente el servicio.
Ramón Peñate fue el único licitador y terminó siendo adjudicatario.
El contrato de alumbrado
El adjudicatario recibía 2.000 pesetas anuales por prestar el servicio.
Para garantizar el funcionamiento del motor también se autorizó la instalación de un depósito de gasolina en la calle Fernández Castañeyra.
Mientras tanto, el Ayuntamiento negociaba las tarifas con la Jefatura de Industria provincial.
Una comisión formada por representantes municipales y vecinos estudió la ubicación de las primeras farolas en calles y plazas.
Las primeras facturas
A finales de 1932 el Ayuntamiento ya había pagado las primeras facturas correspondientes al suministro eléctrico.
De esta forma quedó implantado un servicio estable, aunque todavía limitado y dependiente de una pequeña instalación privada.
El apagón de 1936
La Guerra Civil alteró profundamente el suministro.
En 1936 se produjo una fuerte restricción en el uso de combustibles y el alumbrado quedó muy limitado.
El ahorro de gasolina y otros recursos se convirtió en una prioridad ante el contexto bélico.
Restablecer el servicio tras la guerra
Finalizada la Guerra Civil, el Ayuntamiento tuvo que afrontar la restauración del alumbrado público.
La Comisión Municipal de Hacienda llegó a estudiar un reparto económico entre los vecinos de la capital, ya que el servicio beneficiaba principalmente al casco urbano.
Se aprobó una derrama destinada al alumbrado y otra cantidad específica para reparación de bombillas y mantenimiento.
Racionamiento y Mando Económico
La reconstrucción coincidió con la Segunda Guerra Mundial y con una etapa de fuerte racionamiento.
Fuerteventura fue militarizada dentro del sistema del Mando Económico de Canarias, activo durante buena parte de la década de 1940.
Pese a las restricciones de combustible, el pago anual a Ramón Peñate por el alumbrado público aumentó.
El industrial continuó prestando el servicio durante aproximadamente una década más.
La situación en 1953
A comienzos de la década de 1950 el Ayuntamiento volvió a debatir cómo garantizar el suministro.
En agosto de 1953 se estudiaron varias propuestas relacionadas con la maquinaria, el local y el funcionamiento de la planta eléctrica.
Ramón Peñate ofreció distintas fórmulas de arrendamiento de sus instalaciones.
Finalmente, la corporación consideró más conveniente adquirir la maquinaria y el inmueble.
La compra de la central
El valor pactado para la instalación fue de 300.000 pesetas.
El acuerdo incluía la planta eléctrica y parte del inmueble donde también funcionaba una industria de molinería.
El Ayuntamiento inició gestiones para obtener financiación mediante el Banco de Crédito Local.
El motor RUSTON de 66 HP
En 1953 se nombró al técnico Napoleón Martínez Soto y al teniente de alcalde Wenceslao Berriel para viajar a Las Palmas de Gran Canaria y adquirir un nuevo motor.
La opción seleccionada fue un motor RUSTON de 66 HP, comercializado por Blandy Brothers & Co.
El precio ascendía a 231.027,60 pesetas.
El Ayuntamiento acordó instalarlo en la antigua fábrica de Ramón Peñate.
Primer intento de municipalización
El 7 de septiembre de 1953 el Ayuntamiento asumió formalmente la fábrica de la luz.
La operación constituyó el primer intento importante de municipalizar el servicio eléctrico.
Sin embargo, la gestión directa duraría poco tiempo.
José Lavandera y Juan Berriel Jordán
El Ayuntamiento estudió inicialmente la posibilidad de ceder el servicio al mecánico José Lavandera, conocido como Maestro Lico.
La negociación no prosperó.
En enero de 1954 Juan Berriel Jordán solicitó hacerse cargo del suministro.
La corporación acordó cederle la central y el motor RUSTON a cambio de garantizar cien puntos de luz de 40 vatios de forma gratuita durante diecisiete años.
Horarios de alumbrado
El acuerdo establecía horarios concretos de funcionamiento.
Entre abril y septiembre se prestarían cinco horas de luz desde la puesta del sol.
Entre octubre y marzo el servicio aumentaría a seis horas.
El propio autor recuerda que durante algunos periodos la electricidad desaparecía alrededor de la medianoche y las calles quedaban nuevamente a oscuras.
La planta municipal en los años sesenta
Con el paso del tiempo, y ya avanzada la década de 1960, el Ayuntamiento llegó a gestionar directamente la producción eléctrica.
La plantilla municipal contaba entonces con personal técnico destinado a la planta.
Sin embargo, esta etapa tampoco sería definitiva.
La llegada de UNELCO
Posteriormente el servicio pasó a manos de UNELCO.
Con ello, la producción y distribución eléctrica dejó de depender de pequeñas instalaciones locales y pasó a integrarse en estructuras empresariales de mayor escala.
El artículo cierra aquí esta primera etapa de la historia de la electricidad en Puerto del Rosario.
De un servicio artesanal a una red moderna
La evolución del alumbrado público muestra una transformación profunda de la ciudad.
Puerto de Cabras pasó de depender de lámparas de carburo y petróleo a contar con una fábrica eléctrica privada, luego con intentos de municipalización y finalmente con un sistema integrado en empresas especializadas.
La historia de la electricidad se convierte así en otra forma de observar el crecimiento urbano y la modernización de la capital de Fuerteventura.
Fuente original
Artículo publicado por Francisco Javier Cerdeña Armas en Cuaderno de Puerto de Cabras.
La publicación original incluye fotografías, documentos y referencias del Archivo Municipal relacionados con la implantación del servicio eléctrico.


